visto raramente,
ha venido dos veces hoy"
Matsuo Bashō


Para alguien con una comprensión limitada, incluso las cosas más pequeñas pueden significar el fin del mundo. Sin embargo, para un alma que es consciente de su inmensidad, las soluciones resultan más fáciles. El alma nunca se encuentra atrapada o sin esperanza, porque la vida es demasiado importante para rendirse a la infelicidad y la desesperación.

Hace es esto algún tiempo, el buen Dios se encerró en el taller de “bricolage” de los sueños.
Así,
La segunda N miró hacia arriba. Y Dios, olvidando el protocolo, la tomó en brazos, estampándole un sonoro beso. Después de todo había adoptado la forma más querida, la de un “Niño”.
La segunda C fue la única que se presentó desnuda. Era la “Confianza”.
La segunda I, aupándose sobre los descalzos dedos de los pies, se adelantó a los pensamientos de Dios. “Mi nombre –susurró- es Intuición”.
Por último,
Y Dios, feliz, sopló con fuerza. Y las letras se dispersaron por todo lo creado.
Y guiñando un ojo a los superuniversos, dejó caer, como quien no quiere la cosa:
- “Ahí va mi secreto. Aquel que consiga reunirlas, poseerá
Juan José Benítez
“Mágica Fe” (1995)



