24 julio 2009

LA INOCENCIA



Hace es esto algún tiempo, el buen Dios se encerró en el taller de “bricolage” de los sueños. Y divertido, se puso a enredar con la palabra INOCENCIA. Y jugando, se le ocurrió separar las letras. ¡Oh maravilla! De pronto, cada una cobró vida propia. Y fueron transformándose.


Así, la I, sonriente, apareció como la “Ingenuidad”.


La N, previa reverencia, se identificó como la “Nobleza”.


La O, abriendo sus redondos ojos, dijo ser el “Olvido”, aunque no estaba muy segura.


La C se inclinó hacia el Creador y observó. Y Dios sonrió complacido: era la “Curiosidad”.


La E tendió su mano y estrechó la de Dios. “Soy la Espontaneidad”, dijo.


La segunda N miró hacia arriba. Y Dios, olvidando el protocolo, la tomó en brazos, estampándole un sonoro beso. Después de todo había adoptado la forma más querida, la de un “Niño”.


La segunda C fue la única que se presentó desnuda. Era la “Confianza”.


La segunda I, aupándose sobre los descalzos dedos de los pies, se adelantó a los pensamientos de Dios. “Mi nombre –susurró- es Intuición”.



Por último, la A, convertida en espejo, reflejó el “Asombro” de Dios.


Y Dios, feliz, sopló con fuerza. Y las letras se dispersaron por todo lo creado.


Y guiñando un ojo a los superuniversos, dejó caer, como quien no quiere la cosa:


- “Ahí va mi secreto. Aquel que consiga reunirlas, poseerá la INOCENCIA”.


Juan José Benítez

“Mágica Fe” (1995)



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