A estas alturas creo que todos estaréis enterados del incendio que desde el viernes sufre Gran Canaria. Un incendio que en las últimas 48 horas se ha trasladado de una punta a otra de la isla.

El incendio lo provocó un vigilante forestal que desempeñaba labores de vigilancia tras ser contratado por el Cabildo. Su contrato terminaba el próximo 30 de septiembre y, al provocar el fuego, pretendía que el Cabildo Insular prolongase las contrataciones del personal forestal y extendiese por más tiempo el Plan Contraincendios.
Según su propia declaración del pasado sábado, el detenido salió el viernes de su casa en su vehículo dirigiéndose al punto fijo de vigilancia donde trabaja, situado en La Alsandara (Tejeda).
Durante el trayecto se apeó del coche y con unas cerillas prendió fuego al monte y llamó por el móvil para dar la alerta del incendio, posteriormente, tras llegar a su punto de trabajo, volvió a llamar al Cecopin, y fue cuando contó que había visto a dos jóvenes sospechosos, que en su declaración de entonces reconoció que era mentira.
Me cuesta creer que alguien, para mantener su puesto de trabajo, decida provocar un incendio.
Según las últimas noticias, con su acción ha provocado:
- 20.000 hectáreas de monte arrasadas, llevándose por delante casas, hoteles y todo lo que ha encontrado a su paso
- 5.000 personas evacuadas. Muchas de ellas han visto como ardían sus casas y con ellas, todo lo que tenían, todos sus recuerdos
- 600 personas y siete helicópteros trabajando sin descanso para controlar la media docena de focos que todavía están en activo
- 2 soldados heridos al ayudar en las tareas de extinción del incendio
Supongo que la persona que lo provocó no pensó en el alcance que podía tener su acción y espero que tengo conciencia, porque su mayor castigo será pensar en todo el dolor que ha provocado.
Me gustaría, desde aquí enviar ánimos, en particular a las personas que tanto están sufriendo en estos momentos y en general a todos los habitantes de esa tierra tan bonita y a la que tanto quiero.