27 agosto 2009

La vida es dura...





7 comentarios:

betty dijo...

jajaja, mi balanza hace lo mismo!!!pero ya me voy a poner en forma para el verano!!!

el álbum familiar del lagarto me mato!!!

y lo de las ranas! puaj!!!!!!!! que impresión, menos mal que yo nunca comí, pobrecitas ranas! jajaj

Pandora dijo...

Jaja, por lo de tu balanza. No me lo creo. Y claro, el verano allí aún tiene que llegar. Qué raro se me hace que vivamos en lugares tan distantes...

El de las ranas es un pelín cruel. En realidad, todos lo son.

Besotes

Un paseante dijo...

No todos son crueles: el del gallo y la gallina es justicia poética.
¿Qué pasa, que el gallo se las puede tirar a todas y ellas no pueden tener un desliz?

Un paseante dijo...

Por cierto: he estado releyendo los comentarios a mi último post y tengo que felicitarte: eres la única que se ha enterado de lo que ha leído.
Y me importa un carajo que los demás se cabreen.
Un saludo, Pandora: tú sí sabes leer.

Pandora dijo...

Jejeje, ,por lo del gallo. En realidad el chiste me hacía gracia porque parece que se quiera negar lo innegable. Por eso me parecía cruel.

En cuanto a tu segundo comentario... mil gracias. Me llega en un momento en el han logrado que mi autoestima esté por los suelos.
Sigue escribiendo, por favor, me encanta leerte. Pones en marcha mi cerebro.

Un abrazo.

Esencial dijo...

Gracias brujilla, por arrancarme sonrisas... a pesar de que estoy de acuerdo contigo en que son un poquitín crueles, pero hay que aprender a reirse de todo, que sino la vida es demasiado dura.

¿Tu autoestima por los suelos?
Deja que te diga algo: deberías tenerla por las nubes, y sabes por qué lo digo. Ya te lo dije en otro comentario.

Lo de las ranitas me ha puesto los pelos de punta... porque detrás de casa de mis padres hay un estanque lleno de ranas... su croar era mi nana, y las conversaciones de los que iban a buscarlas con cubos de fregar el suelo, mis pesadillas.

Besos.

Pandora dijo...

Gracias por tus palabras bruja.

Recuerdo cuando dormía en casa de mi amiga, allí en tu pueblo. Vivía al lado de un estanque y las ranas no paraban de croar en toda la noche.

Me lo has recordado. Cuánto tiempo, cuántas vicisitudes y cuánto vivido desde entonces...

Un abrazo