31 mayo 2009

María y su muñeca



Paula miraba con aire distraído mientras esperaba que se abriera la puerta. Su semblante dejaba traslucir el cansancio de todo un día de trabajo pero sus ojos se iluminaron de repente.


- Hola, ¿Qué tal ha ido hoy?

- Hola Paula. Muy bien. La verdad es que María se ha portado genial. Y no ha dejado de jugar en todo el día con su muñeca nueva. Se la ha enseñado a todos sus compañeros con orgullo.

Paula sonrió.

- Vamos, dame la mano. Nos vamos a casita. Verás qué cena más rica te voy a preparar hoy. Pero primero, un baño, ¿vale?

- ¡Bien! ¿Qué me has preparado de cena?

- Es una sorpresa. Lo verás cuando lleguemos a casa. Lo único que te puedo decir es que te va a gustar mucho.



Cruzaron la calle cogidas de la mano. Era una tarde de finales de Mayo. El día alargaba poco a poco y era agradable ver los parques llenos de gente. Muchachos pedaleando con sus bicicletas, pequeños jugando en los columpios y parejas dándose arrumacos en los bancos.


Paula iba pensando en todo esto mientras llegaban al portal. Lentamente sacó la llave y la metió en la cerradura. Una vez dentro del ascensor se miró en el espejo. Qué mala cara tenía. Estaba ojerosa y con aspecto cansado. Era verdad, estaba muy cansada. Quizá tuviese anemia. Se haría unos análisis.


Cuando cerró la puerta de casa tras de ellas sintió el mismo desasosiego de todas las noches. Una mezcla de desánimo e inquietud. Realmente hacía tiempo que no podía ver las cosas con mucho optimismo.


- ¿Me dejas un peine para mi muñeca?

La voz de María le sacó de sus cavilaciones.

- Sí, ahora mismo te lo doy. Si quieres, lleno la bañera mientras busco un peine bonito y puedes peinar a tu muñeca mientras te bañas. ¿Qué te parece?

- ¡Bien! Contestó María

- Déjame quitarme la ropa y enseguida estoy contigo…

Puso el tapón en la bañera, abrió el grifo y se fue en dirección a su habitación.

Se quitó la ropa con lentitud y se puso un chándal. Se sentía tan cansada….


Volvió al cuarto de baño. Ayudó a María a quitarse la ropa y a introducirse en la bañera.

Paula tomó en su mano la esponja vegetal y la llenó de gel. María tenía la piel muy delicada. Comenzó a pasársela lentamente por los brazos. La miró con dulzura mientras peinaba a su muñeca.


Cenaron en silencio, como casi siempre. Mientras masticaba con desgana, Paula pensaba en las tareas que tenía para el día siguiente. Sus días, por lo general, eran agotadores.


Ayudó a María a acostarse. Se sentó un momento en su cama y la observó. Estaba sonriendo. Al hacerlo, las arrugas de su rostro se acentuaban y sólo el brillo de sus ojos conservaba algo de la juventud perdida. Paula se acercó para darle un beso.


-Descansa mamá.


Y salió de la habitación despacito.


Dedicado a los enfermos de Alzheimer, una de las enfermedades más tristes de nuestro tiempo. Pero sobre todo, quiero dedicárselo a sus familiares y personas cercanas, que sufren tantos desvelos y disponen de tan pocas ayudas.

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